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lunes, 23 de mayo de 2022

Se perdió en un balneario y lo buscaron donde no debían: su nuevo rostro, la esperanza de un milagro

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La desaparición de Bruno Gentiletti es un misterio sin resolver desde hace 25 años. La última vez que lo vieron, un domingo de sol de 1997 en el balneario La Florida de la ciudad de Rosario, tenía 8 años, medía un metro veinticinco y era de contextura pequeña. A días de su cumpleaños número 34 y cuando la familia parecía ser la única que seguía dedicada a buscarlo, la causa cobró un impulso inesperado.

El Ministerio de Seguridad de la Nación oficializó una recompensa de 1.5 millones de pesos para quienes puedan aportar datos que ayuden a encontrar al joven que desapareció sin dejar rastros. Además, se difundió su imagen actualizada mediante un proceso digital. “Yo sé que Bruno está vivo”, dijo convencida a TN su mamá, Marisa Olguín, y afirmó: “Algún día habrá una foto de todos juntos otra vez”.

El día que cambió para siempre la vida de la familia Gentiletti

El 2 de marzo de 1997 Bruno viajó con su familia desde Las Rosas, en Santa Fe, al norte de Rosario para disfrutar juntos de un día de sol y playa. Los Gentiletti nunca hasta ese momento habían ido al río ni a pescar siquiera, pero como unos días antes había cumplido años uno de los chicos, pensaron festejarlo haciendo algo distinto. Y ese fue el principio de una pesadilla, de la que todavía no pudieron despertar.

-Llegaron al lugar a media mañana y el padre se metió enseguida al agua con sus dos hijos mayores. Bruno se quedó en la orilla con los más chicos y con su mamá: no le gustó el agua. “Me dijo que estaba sucia, se mojó un poco los pies y salió”, recordó Marisa. Entonces explicó que ocho meses antes a Bruno lo habían tenido que operar porque repetía seguido infecciones en el oído e incluso había perdido un tímpano. Y agregó: “Se cuidaba mucho los oídos él porque tenía miedo de que le volvieran a doler”.

El chico no se metía al agua, ni siquiera se bañaba si no tenía puestos los tapones. Es por eso que su mamá repetía segura que su hijo no había entrado al río cuando media hora después advirtieron que no estaba en ningún lado y empezó la caótica búsqueda.

“La denuncia la hicimos ese día a las 14 y hasta las 22.30 no vino nadie a ayudarnos”, resaltó en primer lugar sobre la cadena de irregularidades que, a su parecer, permitieron que su hijo aún hoy permanezca desaparecido. “Toda la policía estaba abocada al clásico entre Newell’s y Central que se jugaba ese día”, explicó.

Con el paso de las horas, la situación no mejoró. “El juez nos atendió dos días después y tardaron tres meses en hacer la reconstrucción”, cuestionó la mujer, que contó además que sus hijos ese día se descompusieron debido al poco tacto que los investigadores tuvieron para tratar con ellos.

De acuerdo al relato de los hermanos menores de Bruno, después de estar un rato en la orilla los tres se fueron a un sector donde había juegos, opuesto al río. Franco y Gisela eligieron las camas elásticas y Bruno al tobogán de agua. Es allí donde se le perdió definitivamente el rastro.

Veinte años de una investigación fallida y la intuición de madre

“Nuestra mayor injusticia es que desde el primer momento no lo buscaron”, sostuvo apenada Marisa. Es que la Justicia trabajó obstinadamente sobre la única hipótesis de que Bruno se hubiera ahogado accidentalmente en ese río, aunque se les amontonaran los indicios que apuntaban en otra dirección. “Bruno ni siquiera entró al agua”, reafirmó su mamá.

“A Bruno lo buscaron los 14 bañeros que tenía el balneario y la Prefectura”, indicó sobre los meses que siguieron. Unos 180 días después, la conclusión de los prefectos fue tajante y dieron por cerrada la búsqueda: Bruno no estaba en el agua. Más tarde o más temprano, decían entonces, los cuerpos sin vida aparecen flotando.

El nene no aparecía, pero su cara estaba en todos lados. La noticia de la desaparición llenaba las páginas de los diarios, salía en la televisión, se lo nombraba en todos los programas de radio. Hasta videntes se comunicaron por aquellos días con la familia para aportar datos, que finalmente no llevaron a ninguna parte. Lo cierto es que no existía en Santa Fe un protocolo de búsqueda de chicos extraviados o desaparecidos.

Unos meses antes de que se cumpliera la primera década sin Bruno el juez a cargo del caso quiso cerrar la causa diciendo que el chico era un “desaparecido con presunción de fallecimiento”. Pero su familia no bajaba los brazos y consiguió poco después que el expediente se recaratulara de búsqueda de paradero a desaparición y también que se incorporara una imagen de Bruno actualizada, a partir de una técnica de progresión de edad realizada en Estados Unidos.

No fue fácil lograr el cambio de carátula, pero el avance fue positivo, ya que la desaparición es un delito que no prescribe, y que debería ser investigado por la Justicia federal, hasta que aparezca Bruno o hasta que aparezcan sus restos.

“En 2018 busqué la dirección en Google y me fui solita al Ministerio de Seguridad”, destacó Marisa a TN. Allí logró que la escucharan y también tomó intervención gente de Derechos Humanos de Rosario. Su aporte facilitó que la causa por la desaparición de Bruno fuera asignada a un nuevo fiscal y de a poco la investigación se volvió a mover.

“El nuevo fiscal tuvo que ir deshojando toda la causa, pero hubo avances concretos”, señaló la mujer, tras lo cual subrayó que demoraron dos años para desarchivar el expediente y cuando lo hicieron, en 2020, el país atravesaba el peor momento de la pandemia. Los avances no llegaron tan rápido como hubiera esperado ni como merecía, pero llegaron. “Estuvimos más de 20 años con muchos puntos oscuros, ahora las cosas no quedan inconclusas”, apreció.

Entre algunas de las posibles pistas que nunca se investigaron, contó la mamá de Bruno, estaba la proximidad de un bar a la zona de juegos donde vieron a su hijo por última vez. “El tejido perimetral tenía una apertura por donde los empleados entraban la mercadería al local para no dar toda la vuelta”, indicó, dando a entender que no descartaba que el nene hubiera salido por allí solo o que alguien lo hubiera sacado a la fuerza por ese agujero.

Con la reactivación de la causa, a todos los miembros de la familia Gentiletti les realizaron una prueba de ADN cuyo perfil ya fue incorporado al banco genético de la provincia. A su vez las muestras se cotejaron con las de un hombre cuyo pasado desconocido y sus características físicas similares hicieron pensar que podía tratarse del joven desaparecido. Hasta que hace un mes llegó el resultado: negativo.

“Yo lo miraba y su mirada no era la de Bruno”, dijo con firmeza Marisa, que no puso demasiada expectativa en esa posibilidad, pero que siguió de cerca todo el proceso hasta que quedó descartado. “Yo sé lo que puede haber pasado con mi hijo, pero no lo digo”, confió a este medio, y añadió: “Es una intuición, siento que lo voy a encontrar vivo”.

Un mensaje para Bruno

Los días, los meses, los años se fueron sumando y con ellos un montón de interrogantes que, todavía sin Bruno, se convirtieron casi en una obsesión por encontrar cuanto menos la mayor cantidad de respuestas. “En su momento se hizo un perfil psicológico de él”, contó Marisa en relación a los motivos por los cuales si, efectivamente como cree, su hijo está vivo, todavía no trató de ponerse en contacto con ellos.

“Nos dijeron que Bruno podía haberse adaptado por miedo a alguna situación o a algunas personas”, manifestó su mamá, convencida de que el trauma con el que se vio obligado a crecer puede ser tan grande que aún no haya logrado traspasarlo.

“Estamos preparados para muchas cosas, con nosotros solo vivió 8 años y medio”, apuntó. En ese sentido, recalcó que nadie puede saber a qué cosas estuvo expuesto Bruno desde que desapareció hasta ahora, y expresó: “En nuestro corazón esperamos que su vida haya sido la mejor posible, pero no lo sabemos”.

Actualmente, ni las páginas en Facebook que se crearon años atrás para encontrar a Bruno hablan de él. El tiempo y su ausencia hicieron estragos también en Marisa, la mujer que sigue luchando por volver a verlo, aunque ella misma entiende que ya no es la de antes. Sufrió un ACV, la operaron de los intestinos y hasta se recuperó de un cáncer.

Pero por sobre todas las cosas no se resigna a perder a su hijo. “Uno se deteriora en la búsqueda, tengo 55 años y parezco de 80″, dice con cansancio auténtico en su voz y en su ánimo. También se separó de Claudio, el padre de todos sus hijos.

“En un año mis hijos además de la desaparición de Bruno vivieron nuestra separación, el padre formó una nueva pareja y tuvo una hija”, repasó la mujer. “Fue como una revolución en la vida de ellos”, completó.

Sus hijos, hoy convertidos en adultos, fueron y son el gran pilar que sostiene a Marisa para seguir adelante. El otro pilar es ese reencuentro tan deseado con Bruno que imagina en casi todos sus sueños. Mientras tanto y bajo la premisa de que su hijo está en alguna parte y podría leer esta misma nota, su mamá le dijo a TN: “Quisiera que sepa que nunca dejamos de buscarlo. Es nuestra misión encontrarlo, mía y de mis hijos”.

Unos días después de la desaparición de Bruno llegó su cumpleaños y la familia le compró un regalo. Después llegó Navidad, le compraron otro y cuando se dieron cuenta, otra vez estaban en el mes de junio y enfrentaron el segundo cumpleaños sin él.

“Todo está guardado: sus regalos, su ropa, su bicicleta”, cierra Marisa ya sin poder contener la emoción que esquivó estoica durante toda la entrevista. Y concluyó: “Algún día Bruno va a ver que siempre se pensó en él”.

FUENTE: TN

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